Andreas Schweneker es el fundador de relojes STAMPS y su director ejecutivo. Hablamos con él de relojes que no se limitan a dar la hora. De un pasado de ideas rompedoras y un futuro en el que el compromiso personal y social será lo que marque la diferencia.

¿Cuándo empezó la aventura de STAMPS?

Andreas Schweneker: “Fue en 1996, cuando dejé mi trabajo en relojes Citizen y di el salto para fundar una nueva compañía con un concepto radicalmente distinto”.

¿Cuál era esa idea con la que nació todo?

A.S: “El desafío era cambiar el comportamiento del consumidor, cambiar la manera en que entendemos y vestimos los relojes“.

“Queríamos que el reloj dejase de estar atado a la muñeca e incluso del cuerpo. Liberarlo y dejar que cada uno eligiese dónde quería colocarlo… y que se pudiese cambiar de sitio sin problema alguno”.

¿Y cómo le disteis forma?

A.S: “Teníamos lo que nadie más tenía: una idea sin igual y las patentes necesarias”.

“La idea era hacer un reloj que fuese como un sello de correos y pudiese pegarse en cualquier sitio: en el coche, en la mesilla de noche, en la pared… De ahí nuestro nombre, STAMPS, pero con la particularidad de que nuestros relojes pueden despegarse y volverse a pegar”.

“Ofrecíamos máxima libertad al consumidor: vendíamos únicamente la esfera del reloj, que en nuestro caso no es esférica sino cuadrada como un sello. Relojes que pueden pegarse y despegarse, llevarse de un lado a otro superando el concepto de que el reloj tiene que ser de muñeca”.

“Las patentes necesarias eran las que garantizaban que no iban a poder copiarnos. Por un lado la patente para unos relojes de máxima precisión y por otro lado la superficie adhesiva, desarrollada en colaboración con 3M, los inventores de los post-its, de tal manera que por más que los pegues y despegues siguen agarrándose bien a cada superficie”.

¿Dónde se vendían estos primeros relojes?

A.S: “Fuimos revolucionarios también en eso. Los vendíamos sin correa alguna y en packs de 4. Podías comprarlos en máquinas expendedoras similares a las de tabaco”.

¿Qué tal os fue?

A.S: “Los consumidores resultaron ser más conservadores que nuestras ideas. Descubrimos que no necesitaban 4 relojes, que incluso preferían pagar más dinero por solo 2. La logística que implicaban las máquinas expendedoras resultó ser poco rentable económicamente. Y como colofón, veíamos que nuestros relojes gustaban mucho… pero todos insistían en llevarlos en la muñeca”.

¿Cómo os disteis cuenta?

A.S: “Hubo varias señales pero la definitiva fue cuando comprobamos que una cadena de tiendas francesa, a la que habíamos empezado a vender stock, conseguía venderlos rápidamente porque los acompañaba de una correa que habían fabricado ellos. Si se presentaba como un reloj de muñeca, funcionaba mejor que solo como un reloj-sello”.

¿Te lo tomaste como que el mercado rechazaba vuestra propuesta?

A.S: “En absoluto. Nuestros relojes gustaban, empezamos a expandirnos y pronto vendíamos en todo el mundo. Nuestra propuesta siguió y sigue siendo la misma: personalización, customización, expresar tu identidad a través del diseño, facilidad para pegarlo/despegarlo y poder ponerlo en la muñeca o en un collar o en el espejo del baño…”.

“Simplemente fuimos pioneros en un mundo como el de los relojes, que es bastante tradicionalista. Es perfectamente normal que cueste hacerse a la idea de que un reloj no necesariamente debe ir en tu muñeca. Empezamos a producir correas nosotros mismos, pero sin maltratar nuestra idea inicial”.

Y no cualquier tipo de correa sino correas totalmente reciclables. Entrasteis así en el reto de la sostenibilidad.

A.S: “Exacto. Antes de STAMPS y antes incluso de trabajar, cuando aún me estaba formando, ya tenía fuertes inquietudes ecologistas. Entramos en la sostenibilidad a través del material reciclado de correas y relojes. Después lo extendimos a todo el modelo de negocio, con salarios dignos para nuestros trabajadores y energía renovable para alimentar nuestra fábrica de República Checa”.

¿Encontrasteis resistencia en el consumidor?

A.S: “En cierto modo sí, pero contábamos con ello y nos vino bien. Me explico. Imagínate que preguntas lo siguiente: ¿te gustaría comprar un reloj 100% fabricado en Europa, con buenas condiciones para los trabajadores que han participado en su producción y una fábrica alimentada exclusivamente con energía solar y aguas pluviales? ¿Qué van a contestar? Todos dirán ¡sí, por supuesto! Pero al ver el precio algunos decían: ¿por qué cuestan más que un reloj chino?”

“Cuando digo que nos vino bien es que nos ayudó a construirnos como marca. No queremos ser un reloj barato sobre el que es mejor no preguntar cómo ha sido fabricado. Queremos ser una marca de moda sostenible, comprometida y responsable. Es por pura coherencia, ¿entiendes? Si yo te digo que mis productos permiten expresar tu personalidad de manera libre… ¿cómo demonios podría combinarse eso con procesos de producción lowcost y de escasa transparencia?”

Andreas Schweneker fundador de relojes STAMPS
Andreas Schweneker fundador de relojes STAMPS
Además de por la sostenibilidad y el compromiso con el medio ambiente apostáis por una ONG que trabaja con niños en Camerún. Háblanos de esa experiencia.

A.S: “Mi hija Marla, que desde 2018 forma parte de STAMPS, fue quien me llevó a Mbengwi, en el sur de Camerún. Allí encontré gente que no tenía nada, absolutamente nada… y nosotros con nuestros iPhones, nuestras tres comidas calientes al día y nuestros vuelos transoceánicos. Me cambió la vida. Nunca he llorado tanto como allí al contemplar la pobreza. Y al mismo tiempo nunca he reído tanto como allí, al comprobar la alegría con la que enfrentan la vida”.

“Decidimos que íbamos a ayudar, que íbamos a hacer lo posible para que aquellos niños pudiesen desayunar todos los días, ir al colegio, tener ropa, ir al médico si se enfermaban… Son aspectos básicos que allí faltaban”.

Decías antes que el sector de los relojes es tradicionalista. Sin embargo, en 2012 empezó la revolución de los smartwatches, con funcionalidades nunca soñadas por un reloj tradicional. ¿Cómo lo viviste?

A.S: “Esta pregunta me la hacen a menudo pero es un error de concepto. Yo nunca he jugado en la misma liga que los smartwatches. Si yo hubiese sido una marca como Casio, por ejemplo, en 2012 habría temblado al ver que mi propuesta, un reloj tecnológico, se veía amenazada por algo muy superior. Pero yo no soy Casio. Mi gente, la gran nación de STAMPS, no necesita un smartwatch porque ya tienen un móvil. No es eso lo que buscan en un reloj. Cuando digo que el sector es tradicionalista me refiero al de los relojes analógicos, donde sinceramente ha habido muy pocas innovaciones en los últimos 40 años”.

Entonces, ¿no notasteis la llegada de los relojes inteligentes de Apple, Samsung y otros?

A.S: “No, para nada. Más que en la inteligencia de un reloj, de un objeto, en STAMPS creemos en la inteligencia de los ingenieros y trabajadores que fabrican el reloj, y sobre todo en la inteligencia del consumidor que los elige y los personaliza”.

¿En qué situación os encontráis ahora como marca?

A.S: “Hemos cumplido nuestro 25 aniversario y hemos pasado por todo tipo de aventuras. Al principio los grandes de la industria relojera nos miraban como a jóvenes locos a los que no había que hacer caso. Vendemos por todo el mundo, aunque nuestros principales mercados son Francia, Polonia, Alemania, República Checa, Italia y desde luego España”.

¿Qué opinas de la relación entre tu marca y España?

A.S: “Es curioso porque, al vender en tantos países y disponer de cientos de diseños diferentes para nuestros relojes, sabemos lo que gusta más y menos en cada lugar. En España gustan los colores cálidos, un estilo efusivo y abierto que intenta conectar con el otro. En ese sentido, España está hecha para STAMPS y STAMPS está hecha para España”.

¿Y cómo ves el futuro de los relojes? Ahora que todos podemos mirar la hora en el móvil, ¿existirán los relojes dentro de otros 25 años?

A.S: “Como te decía, es un sector en el que escasean las nuevas ideas. Sí, de acuerdo, tienes todos esos smartwatches… pero acaban siendo meras extensiones del móvil. Por otro lado están los relojes de alta gama, el paradigma Rolex según el cual un reloj es un objeto de lujo para expresar estatus. Estoy convencido de que dentro de 25 años ese tipo de propuestas seguirán existiendo”.

“Pero no te quepa duda: el futuro es para el reloj como apuesta estética, como manera de comunicar tu propio estilo. Pensemos en las camisetas. Desde hace décadas no nos extraña que lo más importante de una camiseta sea el mensaje y el estilo que transmite. Todas esas camisetas con consignas, con nombres de grupos de rock… Sigue siendo una prenda de vestir, pero lo importante es otra cosa”.

“Con los relojes va a ocurrir exactamente lo mismo: seguirán dándote la hora, pero lo importante será lo que transmitan sobre tu personalidad. El reloj que eliges, al igual que la camiseta que vistes, supone una elección que te posiciona frente al mundo. Y en ese sentido STAMPS es el único reloj del mundo que te permite expresarte de muchas maneras diferentes”.

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